A un año del fallecimiento de Papa Francisco, la Iglesia Católica lo recuerda con una jornada de oración en la basílica donde reposan sus restos, tal como fue su voluntad. Allí, este martes se rezará un rosario a las 17:00 y se celebrará una misa en su memoria. La lápida que lo evoca resume su vida espiritual con una inscripción significativa: “Francisco, Sumo Pontífice, que se detuvo 126 veces en devota oración a los pies de la Salus Populi Romani”.
Nacido como Jorge Mario Bergoglio en Argentina, fue el primer papa latinoamericano y jesuita de la historia. Su pontificado se extendió desde marzo de 2013 hasta su muerte a los 88 años, y estuvo marcado por una impronta singular: humildad, cercanía con los más vulnerables y una visión pastoral que devolvió protagonismo al Pueblo de Dios.
Uno de los rasgos más distintivos de su gestión fue la centralidad de las periferias. Francisco colocó a los excluidos en el corazón de la Iglesia: lavó los pies de presos y migrantes, visitó campos de refugiados y denunció de forma constante la “cultura del descarte” y la “globalización de la indiferencia”. Su consigna de “una Iglesia pobre para los pobres” se tradujo en acciones concretas y en la consolidación de estructuras de solidaridad.
En el plano ambiental, su legado también dejó una marca indeleble. Con la encíclica Laudato si’ elevó el cuidado del planeta a una dimensión moral y espiritual, introduciendo el concepto de “ecología integral” y posicionando el cambio climático como un desafío ético global.
Su apuesta por la fraternidad universal quedó reflejada en documentos como Fratelli Tutti y Dilexit nos, donde promovió el diálogo interreligioso y el encuentro con quienes están fuera de la fe. En esa línea, impulsó gestos históricos de acercamiento en escenarios complejos, como sus visitas a Medio Oriente.
En el ámbito interno, Francisco llevó adelante reformas de peso: creó el Consejo de Cardenales, promovió la constitución apostólica Praedicate Evangelium para modernizar la Curia y convocó el Sínodo, considerado uno de los procesos más participativos de la Iglesia contemporánea. Además, amplió espacios para laicos y mujeres, y avanzó en políticas de tolerancia cero frente a los abusos.
Su mensaje de inclusión también marcó un cambio de época. Bajo la consigna “todos, todos, todos”, caben en la iglesia, promoviendo una mirada más pastoral hacia la comunidad LGBTQ+ y reforzando el valor de la misericordia, especialmente durante el Jubileo del Año de la Misericordia entre 2015 y 2016.
Con un estilo austero, lejos de los lujos tradicionales, y manteniendo su cercanía y sentido del humor, Francisco logró humanizar el papado y acercarlo a millones de personas en todo el mundo.
Fue, en definitiva, el Papa de las periferias, de los descartados, de los jóvenes y del cuidado de la Casa común. Un reformador que, con paciencia, supo tender puentes entre la tradición y los desafíos del presente.




