Mayo arrancó con nuevos aumentos y crece la presión sobre el bolsillo

Subieron el transporte, los servicios y la telefonía, mientras salarios y jubilaciones vuelven a quedar por detrás de la inflación.

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El inicio de mayo llegó acompañado por una nueva batería de aumentos en servicios y tarifas esenciales que vuelven a tensionar el costo de vida y anticipan mayor presión sobre la inflación mensual. Transporte público, gas, agua, medicina prepaga y telefonía registran subas que impactan de lleno en los gastos cotidianos de millones de familias.

Entre los incrementos más sensibles aparece el transporte público. En el área metropolitana, los boletos de colectivos de Ciudad Autónoma de Buenos Aires y la provincia de Buenos Aires aumentaron un 5,4%, llevando el pasaje mínimo a $754. La misma actualización alcanzó al servicio de subte, cuya tarifa trepó a $1.490, y también a los peajes porteños.

A esto se suman nuevas subas en servicios básicos. El gas registró un incremento del 3,6%, el agua un 3% y las empresas de telefonía aplicaron ajustes de hasta el 4,5% en los abonos mensuales. En paralelo, las cuotas de las empresas de medicina prepaga aumentaron alrededor del 3,4%.

El escenario vuelve a poner en evidencia la dificultad de los ingresos para acompañar el ritmo de los precios. Mientras los gastos esenciales continúan actualizándose mensualmente, las recomposiciones salariales y jubilatorias muestran porcentajes considerablemente menores.

Uno de los casos más representativos es el de la paritaria de empleados de comercio, uno de los convenios laborales con mayor cantidad de trabajadores registrados del país, que acordó una suba cercana al 1,5% para este período.

La situación también golpea a los jubilados. Quienes perciben el haber mínimo, incluso sumando el bono adicional, recibirán en mayo un incremento aproximado del 2,9%, una cifra que vuelve a quedar por debajo de los aumentos aplicados en servicios esenciales y transporte.

Economistas advierten que este esquema de actualizaciones constantes mantiene elevada la inercia inflacionaria y dificulta una recuperación real del poder adquisitivo, especialmente en sectores de ingresos fijos. En ese contexto, el impacto se siente con mayor fuerza en trabajadores informales, jubilados y familias de ingresos medios, que destinan una parte cada vez mayor de sus recursos al pago de tarifas y servicios básicos.

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