Recomenzar desde la verdad

Columna a cargo del padre Daniel Bevilacqua, de La Parroquia San Cipriano, dedicada a la reflexión espiritual.

spot_imgspot_img
spot_imgspot_img

El Papa Francisco en Fratelli Tutti, luego de darnos un diagnóstico de la realidad que vive el mundo con sus crisis y conflictos que dificultan el logro de la amistad social y la fraternidad universal, nos propone una forma de vida donde el amor y la paz vayan más allá de las barreras de la geografía y el espacio.

El Papa nos dice que, en muchos lugares del mundo hacen falta caminos de paz que lleven a cicatrizar heridas, para esto se necesitan constructores y artesanos de paz dispuestos a generar procesos de sanación y de reencuentro con los hermanos, con la creatividad que ofrecen el ingenio y la audacia.

Nos aclara que el reencuentro no significa volver a un momento o estado anterior a los conflictos, porque con el paso del tiempo todos vamos cambiando y el dolor y los enfrentamientos nos van transformando.

Además, llega un momento donde ya no hay más lugar para intentar diplomacias que en la práctica resultan vacías, o para disimulos, dobles discursos, ocultamientos y para buenos modales que esconden la realidad.

Hay que reconocer que los que han estado duramente enfrentados, tienen que conversar desde la verdad, clara y desnuda. Y les hace falta aprender a desarrollar una memoria, capaz de asumir el pasado para liberar el futuro de las propias inseguridades, insatisfacciones, confusiones o proyecciones.

La realidad es que: “El proceso de paz es un compromiso constante en el tiempo. Es un trabajo paciente que busca la verdad y la justicia, que honra la memoria de las víctimas y que se abre, paso a paso, a una esperanza común, más fuerte que la venganza”.

Si queremos hacer un camino de reencuentro, tenemos que concientizarnos, de que la verdad es una compañera de la justicia y de la misericordia.

Las tres juntas, verdad, justicia y misericordia, son esenciales para construir la paz y, por otra parte, cada una de ellas, por su propia esencia impide que las otras sean modificadas y se transformen en instrumentos de venganza sobre quién es más débil.

La verdad no debe, de hecho, conducir a la venganza, sino más bien a la reconciliación y al perdón. La Verdad consiste en, contar a las familias desgarradas por el dolor lo que ha ocurrido con sus parientes víctimas de hechos violentos. La Verdad es confesar qué pasó con los menores de edad reclutados por los actores violentos. La Verdad es reconocer el dolor de las mujeres víctimas de violencia y de abusos. La Verdad es no mentir ni ocultar los hechos que han causado algún daño a las personas.

Cada violencia cometida contra un ser humano es una herida en la carne de la humanidad; cada muerte violenta nos disminuye en nuestra condición de personas, porque la vida es el mayor bien y no tiene precio. La vida es el mayor don de Dios para la humanidad.

En cambio la violencia engendra violencia, el odio engendra más odio, y la muerte más muerte.

En Colombia, el Papa Francisco en el encuentro de oración por la reconciliación nacional, decía: “Tenemos que romper esa cadena de violencia que se presenta como inevitable, y eso es posible con el perdón y la reconciliación”.

Los Obispos del Congo con respecto a conflictos que se repiten y a sus derivaciones en violencias que traen sufrimientos a los pueblos, dijeron: Los acuerdos de paz en los papeles nunca son suficientes. Es necesario ir más lejos, integrando la exigencia de la verdad sobre los orígenes de las crisis recurrentes. Porque el pueblo tiene el derecho a saber lo que pasó, o sea derecho a la verdad.

“La verdad, acompañada e impregnada por la misericordia, se convierte en la acción concreta del amor que, perdonando, transforma, cambia la vida, y construye la paz”. Cfr. Carta Misericordia et Misera. Papa Francisco. Punto 2, párrafo 4.

Me pareció oportuno hacer notar que el Papa en el final de este documento, nos está guiando por el un camino. Desde la verdad, pasando por la artesanía de la paz, el valor del perdón para la construcción de la paz, de la memoria para no repetir nuevamente esos horrores. Esto en un intento de llevarnos hacia una espiritualidad que nos permita superar los conflictos y enfrentamientos bélicos, con las únicas herramientas verdaderas de la paz; estas son: la verdad, el trabajo por la unidad, el perdón, la memoria que busca caminos mejores que los pasados. Todo esto para alcanzar la fraternidad universal y la amistad social. Espero que podamos impregnar el mundo de estos sentimientos y hacer que las nuevas generaciones se apropien de estas herramientas para la construcción de la cultura del encuentro.

(F T 225-227)

Los abrazo, Hermanos Todos en el Señor.

Colaboradores de la Pquia. San Cipriano, y Padre Daniel.

spot_imgspot_img

Notas Relacionadas

spot_img
spot_img
spot_img
spot_img

Ultimas Noticias