“Una canción para mi tierra”: el documental que convirtió la música en una herramienta de lucha ambiental

La película dirigida por Mauricio Albornoz Iniesta retrata la historia de un maestro rural y sus alumnos, quienes transformaron la preocupación por las fumigaciones cerca de las escuelas en un movimiento artístico que trascendió las fronteras argentinas.

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En un contexto donde las problemáticas ambientales suelen quedar relegadas del debate público, el documental «Una canción para mi tierra» propone una mirada diferente: contar la historia de una comunidad rural que encontró en la música una forma de expresar sus preocupaciones y generar conciencia sobre el impacto de las fumigaciones con agroquímicos cerca de las escuelas.

Dirigida por Mauricio Albornoz Iniesta, la producción sigue el recorrido de Ramiro Lezcano, docente de música de una escuela rural argentina, quien decidió transformar la inquietud por una realidad que afectaba a sus alumnos en un proyecto colectivo de creación artística.

Lo que comenzó como una actividad escolar dio origen a «Canciones Urgentes para mi Tierra», una iniciativa en la que niñas, niños y jóvenes utilizaron la música para compartir su mirada sobre el ambiente, la salud y el territorio que habitan.

Cuando el arte se convierte en una herramienta de participación

El documental muestra cómo las canciones fueron creciendo hasta convocar a cientos de músicos y artistas de distintos lugares del país, culminando en un gran recital al aire libre que reunió múltiples expresiones culturales en defensa del ambiente.

La propuesta pone en el centro la voz de las infancias, presentando a los estudiantes no solo como protagonistas de la historia, sino también como actores capaces de promover el debate y la participación comunitaria.

Lejos de limitarse a una denuncia, la película invita a reflexionar sobre el papel del arte en la construcción de ciudadanía, la educación ambiental y la participación social.

Un debate abierto sobre las fumigaciones

La producción también aborda uno de los temas que genera mayor controversia en distintas regiones del país: las aplicaciones de agroquímicos en zonas cercanas a establecimientos educativos rurales.

En torno a esta problemática existen posiciones diversas. Mientras organizaciones sociales, comunidades educativas e investigadores advierten sobre posibles riesgos para la salud y reclaman mayores controles y distancias de resguardo, representantes del sector agropecuario sostienen que, cuando se aplican las normas vigentes y las buenas prácticas agrícolas, las aplicaciones pueden realizarse de manera segura.

En ese contexto, el documental expone la experiencia de una comunidad que decidió visibilizar sus preocupaciones a través del arte y la participación colectiva.

Una producción con reconocimiento internacional

Más allá del debate que plantea, «Una canción para mi tierra» logró una importante repercusión fuera del país. La película fue exhibida en más de 30 países y recibió más de 20 premios internacionales, consolidándose como una de las producciones argentinas de mayor recorrido en festivales dedicados al cine ambiental y social.

Su mayor fortaleza, sin embargo, radica en la capacidad de abrir preguntas sobre el vínculo entre educación, ambiente y participación ciudadana.

Más que ofrecer respuestas cerradas, el documental propone escuchar a quienes muchas veces tienen menos espacio para ser oídos y demuestra cómo la música puede convertirse en un vehículo para expresar inquietudes, fortalecer los lazos comunitarios e impulsar conversaciones sobre el futuro de los territorios.

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